viernes, 7 de marzo de 2014

Diálogo con compañera ‘padeciente’ (estuve leyendo mucho del Lic. Rolón últimamente) en farmacia.

Entro a una farmacia y, para mi sorpresa, está llena. Tomo el consabido numerito y me dispongo a esperar.

CP: “Lleno, ¿no?” (Esto viene de una señora de edad indefinida, muy bien vestida y llamativos anteojos oscuros – llaman la atención por lo grandes)
Yo. “Ajá. ¿Por qué será?”
CP: “Y, porque están todos locos. Hace media hora que estoy y lo que más llevan son ansiolíticos y porquerías para dormir.”
Yo: (Usando frase aprendida en El Leyes que suele provocar verborragia) “¡¿No me diga?!”
CP: “Yo ni loca tomo cosas de esas. Yoga o Pilates, mucha agua y ejercicio diario.”
Yo. “Y, sí. Pero a veces no se puede y como está la cosa, la gente anda nerviosa.”
CP: (Hace un gesto con la mano como barriendo mis palabras) “Todo está acá.” (Señala su cabeza) “A mí me hacía mal mirarme al espejo – mi nariz. Me hice cirugía y listo. Si le molesta la suya, tendría que probar con la cirugía. Le cambia la vida.”
(¡Ah, bueno! Me dijo narigona, además de revelar por qué no está aquejada de ‘la locura generalizada’ – se ve que lo económico no es un problema para ella)
Yo: (Riéndome) “La verdad, mi nariz no me molesta para nada – tampoco este ojo (señalo mi pobre ojo derecho). Ni la boca grande o_”
CP. “Eso es bueno. Aceptarse tal cual uno es.” (Bueno, no es tu caso, querida) “Y cambiar lo que no nos gusta.”
Yo: Hmmm.
CP: “Hoy en día te encontrás con alguien y le preguntás cómo anda y siempre tienen un problema. ¡Depresivos! Pero no logran deprimirme.” (¿Esta cree que los demás viven para joderle la vida?)
Yo: Hmmm.
CP: “¿Y ud. qué anda buscando?”
Yo: “Una crema cicatrizante - (Y sigo - ¡Ay! ¿Por qué sigo?) y ud.?”
CP: “También una crema.” (Mira para todos lados y baja la voz un poco) “¿Ve esta mancha que tengo bajo el ojo?” (Se levanta un poco los anteojos de sol y, la verdad, yo no veo nada más que una pequeñísima manchita bajo un ojo sospechosamente libre de patas de gallo o bolsas – podría pasar por una picadura de mosquito, miren) “¡Horrible! Anduve y anduve hasta que un médico me recetó una crema. Dice que en un mes más o menos puede desaparecer. Espero que sí, porque no me la banco. ¿Puede creer que dos – DOS – médicos me dijeron que no era nada – que apenas se veía?” (Sí, te creo. Dos médicos sinceros)


Alguien ‘canta’ el número de la CP, realiza su compra y se dirige a la salida con un ‘Hasta luego’ de pasada. Una sra. mayor con boletita de PAMI en la mano se para a mi lado y, que quieren que les diga, me siento liberada aunque ahora tenga que charlar sobre reuma, problemas circulatorios, o  artrosis….

martes, 4 de marzo de 2014

Diálogo con albañiles.

Estoy volviendo del kiosco cuando un albañil que está colocando losetas en la vereda de una casa me llama.

A: “Disculpe, Sra.,  buen día. ¿Puede venir un cachito?” (Hacía rato no escuchaba ‘cachito’ usado así)
Yo: “Buen día. Sí. ¿Qué necesitás?”
A: “Acá con ‘Frasquito’ (no quiero pensar por qué le dice así a su compañero) estamos discutiendo si esto está chueco o derecho.” (Dice esto señalando una línea de losetas)
Yo: “¿Y a mí me preguntás?” (Señalo mi ojo derecho que está desviado de chiquito)
A: Se ríe. “Sí. Por eso mismo. ‘Frasquito’ tiene el ojo como ud. y siempre pasa lo mismo. Yo tomo los niveles, tiro la línea, y este me jode con que está chueco.”
Yo: (Primero pienso que me está tomando el pelo, pero luego miro directamente a ‘Frasquito’ y me doy cuenta que su ojo izquierdo y mi ojo derecho nunca se van a ver frente a frente y me río) “Para mí está derecho – pero depende de dónde partís, ¿no? Capaz que cuando llegues al cordón_” (Me interrumpe)
A: (A ‘Frasquito’). “Tomá. Ahí tenés. La doña dice que está derecho y tiene el ojo peor que vos.” (Bueno, ché, ¡no abusar de mi generosidad y buen humor!)
F: “No la dejaste terminar. Te iba a decir lo mismo que yo. Que cuando llegués al cordón te van a quedar los cortes desparejos. ¿No doña?” (¿Estos se creen que mi segunda ocupación es la albañilería?)
Yo: “Me da esa impresión, pero no se nada de colocar pisos.”
F: “Pero se sabe más que éste.” (Y se ríe)
A: “Bueno. Dos a uno. Las voy a presentar todas y marcar los cortes del cordón y van a ver.” (No sé ‘Frasquito’, pero yo no pienso quedarme a ver eso)
Yo: “Bueno. Yo sigo porque_”
F: “Sí, se le va a calentar la cerveza. (¡Ya se calentó, hermano!) Y dirigiéndose al otro albañil: “Hablando de eso, mientras vos presentas las losetas yo me busco una cerveza .” (Y parte para el kiosco)
A: (Poniéndole voz a mis pensamientos) “Al cuete voy a laburar haciendo esto. Después de la cerveza lo va a ver más chueco todavía.”
Yo: (Empezando a retirarme) “Bueno, en una de esas es al revés y lo ve derecho.”
A: (Riéndose) “Capaz que sí.”
Yo: (Como la mirada parece decir ‘¿lo sabe por experiencia propia?’ acelero la despedida). “Chau. Que les quede lindo.”


No. Si a mí me pasa cada cosa…..

lunes, 17 de febrero de 2014

Diálogo con Mi Otro Yo

Estoy organizando papeles cuando:

MOY: “Hola. Hola”
Yo: “Bueno. Todas las vacaciones sin aparecer – cosa que te agradezco – y justo hoy_”
MOY: “Por nada. Pero en realidad no aparecí porque tenías la cabeza tan vacía que no había manera de empezar una conversación estimulante.”
Yo: (Ya calentándome) “O sea que a vos te estimula romperme las b…s cuando estoy ocupada.”
MOY: “¿Ves que el comienzo del año académico te pone agresiva? A ver, analicemos por qué.”
Yo: “No analizo nada. ¿Por qué no analizás vos que siempre aparecés cuando estoy ocupada?”
MOY: “Ya lo analicé. Es simple. Me divierte un montón.”
Yo: “O sea que sos sádica. Disfrutas torturándome.”
MOY: “Eso hace nuestras charlas interesantes – no como esos diálogos de porquería que tenés durante las vacaciones con personajes bizarros.”
Yo: “Son personas, no personajes – y no sé por qué lo de bizarros.”
MOY: “Por algo los agrupás en ‘diálogos de vacaciones’ y yo tengo mi propia etiqueta en tu blog: ‘diálogos con mi otro yo’.”
Yo: “¿Ese es tu problema? ¿Un problema de cartel como las ‘estrellas’ de TV?” (En una de esas se ofende y se va)
MOY: “No. Yo sé que soy una estrella.” (¡Ego y la madre!) “Además creí que preferirías charlar hoy y no mañana…. Eh… digo… otro cumple más.”
Yo: “El cumple no me molesta y es una vez al año. En cambio vos  jodés en cualquier momento. Eso es más molesto.”
MOY: “Hablando de otra cosa. ¿Viste que mañana – aparte del hecho que vas a ser un año más vieja (¡LPMQLP!) es el día internacional del control biológico?”
Yo: (Realmente anonadada) “¿Eh?”
MOY: “Ajá. El control biológico es un método de control de plagas, enfermedades y malas hierbas que consiste en_”
Yo. “Pará. Pará. Qué carajo tiene que ver eso con_”
MOY: “Tranqui. No instituyeron el día por vos.” (¡Ah, nó! ¡Tengo que encontrar un cirujano que me opere de esta HDP!) “No me dejaste terminar. El método consiste en utilizar organismos vivos con el objeto de controlar las poblaciones de otro organismo.”
Yo: “Sigo sin ver_”
MOY: “y, hace rato que no ves bien.”
Yo: “O aclarás qué carajo querés, o te vas.”
MOY: “Pero si es obvio. Yo soy un organismo que ejerce control de plagas. Las plagas son esos pensamientos desordenados y caóticos que sabés tener.”
Yo: “Lo tuyo va de mal en peor. Necesitás analista. Pero además, ¿me estás diciendo que mañana es tu día? ¿Vos, que odias y despotricás contra los días internacionales? ¡Estás de la nuca en serio!”
MOY: “¿Asi que me decís que soy loca, ¿eh? Pensá bien antes de ofenderme.  Goethe dijo que ‘la locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma’.
Yo: “Y Goethe tiene razón. ¡A VECES! Lo tuyo es demencia permanente.”


Me preparo para la contestación pero no llega. ¡Ay de mí cuando tenga lista la respuesta!

sábado, 8 de febrero de 2014

Diálogo con vecina (la de siempre)

9 a.m. Salgo a colgar la bolsita de la basura en la reja cuando a mi derecha se materializa  la vecina. (Para mí estaba escondida atrás de un árbol)

V: “ ¡Buen día! Saca temprano la basura.”
Yo: “Hola. Y sí, si no, después me olvido.”
V: “No ha tenido muchas visitas este año.” (¿A dónde querrá llegar?)
Yo: “Y, llovió mucho, ¿vió?”
V: “A su primo lo vi un par de veces.” (Creo que ya sé por dónde viene la cosa, pero…)
Yo: “Sí. Cuando va a Santa Fe, pasa por acá.” (Tratando de cambiar de tema) “Tiene hermoso el jazmín del cielo”
V: “Ajá. Hablando de otra cosa _” (No, si cuando está tras  información ¡no hay quien la pare!) “El muchacho del otro día no era su primo, ¿no?”
Yo: “¿El otro día?
V: “Cuando llovió como loco. Vi que entró un muchacho.” (¡Ah!!!! Ahora caigo. ¿Pero cómo hizo para ver a través de la cortina de agua?)
Yo: “Ah. No. No era mi primo.” (La dejo ahí, pero sé que esto va a ser divertido)
V: “Sí. Me pareció. Muy joven.”
Yo: “Aja.”
V: “¿Un amigo?” (¡Esta no tiene límites!)
Yo: (Riéndome) “No. Como ud. dice, muy joven.” (¿Y ahora?)
V: (Sin rendirse) “Me pareció que era el de la quinta de allá.” (Y, como de costumbre, revolea la cabeza en dirección indefinida – pero mal que me pese esta vez sé a dónde se refiere)
Yo: “La verdad, no sé dónde vive. Me pidió pasar a la cochera porque estaba hecho sopa.”
V: “ ¡Pero lo tiene que conocer! Si un día la ví conversando con la ‘madre’.” (El encomillado ni se acerca a expresar el significado que le dio a la palabra)
Yo: “No sé. Se secó un poco y después se fue. Pero sí, seguro que es de por acá.” ( ¡No pienso soltar prenda, y menos con vos!)
V: “Nadie sabe bien si es el hijo, ¿me entiende?”
Yo: (Cara de póker de ases) “¿Adoptado?”
V: (Resopla como caballo molesto por las moscas) “ ¡Pero no, mujer! Parece que anda con la criatura.” (Bué, ¿le viste el lomo a ‘la criatura’?)
Yo: (Ya divirtiéndome a lo loco, lo admito) “¿Ese muchacho anda con una menor?”
V: (Mirándome como si fuese extranjera a la que se le tiene que explicar la economía argentina) “No. No. La que parece la madre no es la madre. Parece que la mujer anda con ese chico.”
Yo: “ ¡Ah! No creo.”
V: “Creer o reventar.” ( ¡Eso! ¿Por qué no reventás?)
Yo: “Bueno. La dejo porque todavía no desayuné.” (Y giro para retirarme)
V: (Con decepción patente en la voz) “Ah. Bueno. Si. Vaya. Está tan flaca…” ( ¡Pero y LPMQLP! Pero no te voy a dar el gusto de seguir conversando)
Yo: (Ya dándole la espalda y caminando hacia adentro) “Sí. Por eso.”

En vez de ir a la cocina, me meto en la pile – sin hacer mucho ruido. ¡No vaya a ser que desparrame por el ‘barrio’ que soy anoréxica!


jueves, 6 de febrero de 2014

Diálogo con… ¡Santino!!! (si no sabés quién es, ¡te perdiste algunos diálogos de vacaciones 2014!)

14:30 de un día donde se ha llovido todo y no hay miras de que pare. Por lo menos no hay tormenta eléctrica, así que estoy sentada en la cochera _ ocupadísima _ leyendo, viendo y escuchando llover, cuando:

S: “ ¡Hola! ¿Puedo?” (Esto descontextualizado suena mal, por eso aclaro: está parado en el portón, haciéndose sopa desde la cabeza, pasando por el torso cubierto por una remera regata amarillo patito, y un short azul eléctrico. A las zapatillas, que seguramente son de marca, no se les ve logo alguno por el barro)
Yo. “Pasá. Pasá” (No iba a dejar al pobre chico ahí, ¿no?) Miro para ambos lados de la calle.  “¿Y Gladys?”
S: “Eh… No. Ella no corre. Y menos con esta lluvia.” (Voy a ser dañina: no corre, pero vuela, ¿eh?) “¿Me podría facilitar un toallón?” (¡Ay! ¿Quién usa ‘facilitar’ así?)
Yo. “Pero claro. Pasá.” (Lo invito a entrar a la casa propiamente dicha)
S: “No. Está bien. La espero acá.” (¿No querrá arruinar mi reputación? ¿O la suya?) Vuelvo con el toallón y se sienta en el sillón donde yo tenía mis piernas cómodamente apoyadas antes de su aparición – ón, ón, ón _ estoy cacofónica.)
Yo: “Es de locos salir a correr por acá con esta lluvia. Te podés torcer un tobillo.”
S: “Y… sí… en realidad salí a caminar… (¿con esta lluvia?) y después, bueno, necesitaba correr.”
Yo: (Presintiendo que algo raro pasa) “¿Sí?” (A veces la entonación ascendente en una sola palabra produce efectos asombrosos)
S: “Y, sí. Mami y yo tuvimos una discusión.”
Yo: “ ¡Ah!”
S: “A veces es un poco posesiva. Y por ahí no nos entendemos. Yo digo algo y ella lo toma para otro lado.”
Yo: “Y, la diferencia _” (estoy a punto de decir ‘de edad’, pero literalmente me muerdo la lengua) “de personalidades a veces produce discusiones” (¡Ay! De acá a la radio con un programa de medianoche: ‘ ¡Háblame! – Te escucho’)
S: “Capaz es que estamos mucho tiempo juntos.”
Yo: “Uhm”
S: “Cuando nos veíamos sólo los fines de semana estas cosas no pasaban.” (¡Me imagino!)
Yo: “Y, cuando uno convive con otra_”
S: “Para mí es eso.” (Bué, otro que se olvida que está ‘charlando’ conmigo y pasa al monólogo) “Se lo voy a plantear.” (Vos planteale eso y ¡Gladys te ‘planta’ una maceta en la cabeza! O no. ¡Qué se yo!) “Eso voy a hacer. Las cosas hay que hablarlas, ¿no?”
Yo: “Ajá.” (Y, vuelvo a las onomatopeyas, total…)
S: (Parándose y dándome el toallón – podría habérselo llevado y lavarlo, ¿no?) “Eso voy a hacer. Muchas gracias por la charla. Se me aclaró la cabeza.” (Bué.)
Yo: “Por nada. Pero no te vuelvas corriendo, ¿eh?”
S: (Se ríe). “Es igual que Mami.” (No, querido. ¡Lo mío sí es consejo maternal!) Pero me río también – ¿qué quieren que haga?)


Sale a la lluvia de nuevo y yo vuelvo a sentarme con mi libro de John Grisham. O este chico es un muy buen actor, o realmente le interesa Gladys. Abro el libro y me prometo a mí misma no volverme a sentar en la cochera un día de lluvia.

miércoles, 29 de enero de 2014

Diálogo con trabajadora rural

Estoy sacando yuyitos en el frente (¿qué otra cosa se puede hacer después de una lluvia y con tiempo nublado?) cuando una señora que va pasando se detiene.

TR: “Hola, doña. ¿Cómo le va? ‘Ta lindo para sacar yuyos, ¿eh?”
Yo: “Ajá. La lluvia ablanda la tierra y es más fácil.”
TR: “¿Por qué no usa hazada? Si no tiene, yo le puedo prestar. Tengo un montón. Cuando carpimos frutilla _”
Yo: “ ¡Ah! ¿Siembra frutilla?” (Sí, lo reconozco, pensando en cultivar una amistad por interés)
TR:  “No, no. Yo trabajado de eso.”
Yo: “ ¡Ah! Dura esa vida, ¿no?”
TR: “Como cualquier otro trabajo, doña. Es cansador pero yo cobro bien.” (¡Bueno! ¡Por fin un empleador como la gente!) “Pero como está todo ahora, ni un buen sueldo alcanza.” (No pienso preguntar qué es un buen sueldo para ella) “Ni dólares se puede comprar ahora, ¿vio? Si lo quiere barato – a $8 – hay que hacer una cuenta de ahorro y qué sé yo qué más” (¿Escuché bien? ¿O lo que estuve viendo las noticias me alteró el cerebro?)
Yo: “¿Cómo?”
TR: “¿No se enteró? ¿No ve la tele?” (Pregunta esto mientras mira el techo de casa, seguramente para ver si tengo antena parabólica – cosa que no tengo)
Yo: “Eh… escuché que los precios de muchas cosas aumentaron, pero _”
TR: “Y  yo que pensaba ir a visitar mi familia en Bolivia y llevarles algo de plata.”
Yo: (Algo aturdida) “¿Tiene familia en Bolivia?”
TR: “Ajá. Mi papá vino de allá. Pero yo soy argentina.” (Lo dice con orgullo, ¿qué tul?)
Yo: “Discúlpeme, pero … ¿le da lo que gana para ahorrar y llevarle plata a su familia allá?” (Otra manera de preguntar: ¿qué carajo hacés comprando dólares?)
TR: “Siiiii. Somos cuatro nomás de familia acá. Y siempre que me sobraba un peso, compraba dólares. Con eso hacíamos la diferencia, ¿vió?”
Yo: (No, no veo, pero en fin…) “Pero hace rato que no se pueden comprar dólares así no más.”
TR: “Y sí. Pero hasta que el ‘blu’ aumentó como loco, yo siempre iba a Santa Fe y le compraba a los ‘arbolitos’.” (No, no. Estás delirando, Adriana.) “¿Ud. no compra?”
Yo: (Sintiéndome una b….da a esta altura). “Eh… nó. Compraba para algún que otro viaje no más.”
TR: (Mirándome casi con lástima) “ ¡Pero doña! ¡Para cuando ahorró para comprar algo, ya le aumentó! Eso me lo enseñó papá de chiquita.” (El padre no era ningún salame – y se ve que aprendió rápido cómo eran las cosas en la argentina)
Yo: (Sintiéndome más extranjera en mi país de lo que se debe haber sentido su padre) “ Y sí.”
TR: “Bueno. Si quiere una hazada, pídame. Paso todos los días por acá.” (¡Tanta lástima me tiene! O capaz que piensa que ahorré para comprar una y la inflación desbarató mis planes.)
Yo: “Muchas gracias, pero tengo.”
TR: “Ah. Bueno. Buenas tardes, y que siga bien.”
Yo: “Ud. también.”


La veo alejarse con el típico andar de quien usa una hazada más de 4 horas al día – mi abuelo caminaba así. Pero mi abuelo no compraba dólares para defenderse de la inflación. Tal vez no había en su época… Aunque… ahora que lo pienso, el abuelo no confiaba en los bancos y ponía la plata – a veces lo de una cosecha – en el colchón. Las cosas no han cambiado tanto desde aquella época, parece.

domingo, 26 de enero de 2014

Diálogo con vecino desconocido

El sol está cayendo (bueno, supongo que para los japoneses está ‘ascendiendo’, pero es una linda expresión, ¿no?) y desde donde estoy sentada – en el borde de la pile – veo que un perro pasa por debajo del alambrado y se acerca. Al mismo tiempo escucho:

VD: “ ¡HÉRCULES! ¡VENÍ ACÁ! (Los gritos no le hacen mella a ‘Hércules’ que se sienta delante de mí y mueve la cola.
Yo: “ ¡Pase!” Le grito al VD que debe rondar los 70 años y que entra raudamente retando a Hércules.
VD: “ ¡Vení acá te dije! ¡Perro desobediente!  ¡HÉRCULES!!!!”
Hércules, dicho sea de paso, no podría ser una imagen más diferente del famoso héroe mítico: raza desconocida, flaco, de orejas caídas y cola finita. Todo el aspecto de un mosquito tiene el pobre.
VD: “Mil disculpas, Sra. Y mírelo, ¡encima le mueve la cola!” Hércules gira la cabeza, lo mira, y sigue mirándome y moviendo el hilo que tiene por cola.
Yo:  “Vaya a saber por qué se metió. ¿Será que me vio sentada acá y le llamó la atención?”
VD: (Mientras Hércules me huele el puño que le acerco al hocico y me lame la mano) “Y encima ud. me tuvo que dejar entrar así. Mil disculpas de nuevo. ¿Mire si soy un ladrón? Permítame presentarme. Soy XX. Mucho gusto.” (Y me da la mano mientras Hércules me mira y parece decir: ‘si éste es un choro, yo soy un mastín napolitano’).
Yo: “Encantada. ¿Hace mucho que lo tiene?” (Refiriéndome al perro, no a la excesiva respetuosidad del dueño)
VD: “Hace como seis años. Y ya era grande cuando lo encontré. ¿No cierto Hércules?” (Le pasa la mano por el lomo y Hércules se echa a mis pies. Me mira como diciendo: ‘él también ya era grande cuando lo encontré’) “Pero en serio. Tiene que tener cuidado con quién deja entrar. Yo por suerte lo tengo a él que es re-guardián.” (¡Ah, bué! ¿Esta cosa que me está lamiendo los dedos de los pies es guardián?)
Yo:”Parece tan buenito.”
VD: “ Sí. Pero ya le arrancó parte del pantalón a varios.” (¡Miralo vos a Hércules! Aunque pienso que puede haberle llevado pedazos de ropa que encontró por ahí. Lo miro y parece leerme la mente porque se levanta de golpe y se para al lado de su dueño)
“Bueno. Ahora ya saludaste a la Sra. A casa.”
Yo: (Acompañando a ambos a la puerta) “Bueno, si se le pierde algún día, ya sabe que puede estar acá.” (Y me rio)
VD: “Ud. debería tener un perro guardián. Con las cosas que están pasando…” Hércules me mira como diciendo: ‘¿Te das cuenta que si no hago de guardián con este paranoico capaz que me cambia por uno guardián de verdad?)
Yo: “Me encantaría tener un perro, pero de compañía.” (Hércules me mueve la cola)
VD: “Bueno. Éste es buena compañía también.  Bueno, cuando no se me escapa. Ja Ja.”


Los despido en la puerta y mientras vuelvo sobre mis pasos hacia la pile tengo la sensación de haber charlado más con el can que con el humano.